Facetas diferentes....

Facetas diferentes....

lunes, 5 de mayo de 2014


Viaje hacia la Luz

Si me voy antes que tú, si la luz viene y subo en ella, déjame salir presurosa en busca de un ramo de rosas blancas, puras, como el lugar hacia donde me dirijo, debo darlas a unos seres angelados que me han precedido en el viaje. Seres amados, adorados y extrañados, a quienes buena parte de mi vida espere volver a ver.
Déjame reposar mi cabeza en la almohada, cerrar mis ojos y entregar mi alma.
No desesperes , el momento ha llegado, ni antes ni después, justo cuando tenía que ser, déjame hay voces, murmullos, y luz , mucha luz…voy entrando despacio, aún resuena en mis oídos esa melodía que te pedí siempre….gracias mi amor, me voy en paz y en amor….pero no me llevo todo, algo dejo para ti y es eso justamente : mi paz y mi amor, todo aquel que pude cosechar a lo largo de mis días y la paz que muchas veces se alojó en mi corazón. Toda esa fortuna te dejo algo más importante y valedero y que permanecerá en ti hasta que vengas a verme aquí en la luz.

Viviana Elisabet Monguillot Silba


jueves, 1 de mayo de 2014






Se me ocurre que vas a llegar distinta
no exactamente más linda
ni más fuerte
ni más dócil
ni más cauta
tan sólo que vas a llegar distinta
como si esta temporada de no verme
te hubiera sorprendido a vos también
quizá porque sabes
como te pienso y te enumero

despues de todo la nostalgia existe
aunque no lloremos en los andenes fantasmales
ni sobre las almohadas de candor
ni bajo el cielo opaco

yo nostalgio
tú nostalgias
y como me revienta que él nostalgie

tu rostro es la vanguardia
tal vez llega primero
porque lo pinto en las paredes
con trazos invisibles y seguros

no olvides que tu rostro
me mira como pueblo
sonríe y rabia y canta
como pueblo
y eso te da una lumbre
inapagable

ahora no tengo dudas
vas a llegar distinta y con señales
con nuevas
con hondura
con franqueza

sé que voy a quererte sin preguntas
sé que vas a quererme sin respuestas.

Mario Benedetti - Poemas de otros.



  "Otoño"

No volvieron a crecer las hojas caídas del pasado otoño,
ni algunas ilusiones que con cariño te guardé,
se me escurrieron en algunos versos de bar,
en algunas letras que sin pensar mucho canté,
en la callé, en la casa, en el callejón húmedo del
recuerdo, donde siempre me has tenido,
aguardando con la esperanza que me diste sobre 
las manos, rasgado del alma pero no de ilusión.

No volvieron a crecer las hojas caídas del pasado otoño,
ni mis fuerzas para hablar y escribir de amor,
se me perdieron mientras sostenía fuerte tu cariño
para que no cayera en la locura,
aunque yo estuviera hundido en ella,
¿qué pasó contigo?
¿Por qué no regresaste a recoger tu encargo?
Al menos pudiste venir a decir que no volverías,
quizás así no hubiera gastado tanto amor en esa vitrina,
quizás así no te hubiera amado por sobre mi propia mente.

No volvieron a crecer las hojas caídas del pasado otoño,
ni crecieron tampoco las hojas que arranqué del 
libro de mi corazón, quedó una muesca con tu nombre,
y un eco que no apagó el silencio.
Terminé por izar bandera descomunal, y trazar senda
por el filo, bordeando la calle, como un loco en apogeo
de vida y desaire ancestral.
Regando los versos de bolsillo por el aire,
esparciendo coplas de su amor por doquier,
hubo lluvia melosa en el asfalto de la ciudad de ayer.

No volvieron a crecer las hojas caídas del pasado otoño,
ni las plumas que arranqué para pronosticarte
buena fortuna en la vida, crecieron esperanzas nuevas,
de nueva vida, sin tanto color, 
pero unos cuantos agradables, de esos que calman,
y le dan buen tono a nuestro humor,
ahora se ve la avenida un poco más clara,
escucho un poco mejor, hay detrás mío un laberinto,
que nunca fui consciente de cruzar.

No volvieron a crecer las hojas caídas del pasado otoño,
Ni siquiera yo.


¿Por qué eres tan hermosa? 
¿Te acunaron en versos? 
¿Leche de flor bebiste? 
¿Quién te modeló sobre mi corazón, 
quién te tatuó sobre mis ojos?


Jaime Sabines


No importa el credo que profeses o ni siquiera si tienes alguno.
Podrías tenerme en tus pensamientos de esta noche, un minuto solamente pidíendo o enviándome tu mejor deseo?
Gracias!!!




Yo siempre me siento Feliz, ¿sabes por qué?
Porque no espero nada de nadie; esperar siempre duele;
la vida es corta, por eso ama la vida,
sé feliz y siempre sonríe, sólo vive para ti y recuerda:
Antes de Hablar, Escucha;
Antes de Escribir, Piensa;
Antes de Herir, Siente;
Antes de Odiar, Ama;
Antes de Rendirte, ¡Intenta!;
Antes de Morir, ¡VIVE!

William Shakespeare 

Curando los Celos



Esto es algo que puede resultar difícil de escuchar: los celos no tienen nada que ver con los demás, siempre se trata acerca de TI – TU sensación de ser ignorado, despreciado, no tomado en cuenta y no amado, y subyacente a todo esto, tu frustrado deseo de controlar a los demás – lo que hacen, lo que quieren, cómo son atendidos por los demás, quién los ama – y en última instancia, tu deseo de controlar al universo.

¡Auch! Suena fuerte. Los celos como un intento de insurrección que realiza el yo separado contra su peor amenaza: el amor incondicional.

Admítelo: Alguien más está recibiendo toda la atención, el amor, las recompensas, el éxito, la gloria, y a ti te han dejado afuera, en el frío, aislado, olvidado… todo un fracaso – y nada especial. Los celos ven al otro como una especie de ‘rival’, un ‘enemigo’, una ‘amenaza’ para tu camino. Ellos ven la vida como una gran competencia y a la alegría como un bien sumamente escaso. Y una vez que tomas este camino, observas un millón de rivales, un millón de obstáculos para alcanzar tu alegría…

¡Los celos hacen que tu paz dependa de algo o alguien más! Te dicen: ‘No puedo estar en paz mientras ellos…’ (llena el espacio). Le otorgas a los demás poder sobre ti, y después te molestas porque toman ese poder – ¡que, por cierto, nunca lo hacen! Tú se los asignas a través de tu atención.

Los celos pueden golpearnos muy fácilmente cuando nos sentimos inseguros o dudosos acerca de nuestro propio camino. Con el fin de evitar nuestro propio dolor, y de evitar ser honestos acerca de nuestras propias inseguridades, desviamos la atención de nosotros mismos hacia los demás y comenzamos a compararnos, a contrastarnos y a luchar mentalmente. Empezamos a querer lo que aparentemente tienen ellos. ‘¿Por qué ESO no me pasa a MI?’ nos preguntamos. Todo se trata acerca de Mí. Mí mí mí mí. El ego se nutre de la comparación y de la lucha de poder.

¿Dónde y cuándo puede comenzar la sanación de los celos? En el único lugar y tiempo que hay. Aquí y Ahora.

Comienza por volver hacia tu único punto de poder: este momento presente. Reconoce tu experiencia, profundamente. Siente cómo te consumen los celos, su ardor, su dolor, sus punzadas en la garganta, en el pecho, en tu estómago. Siente el poder que está presente, la fuerza volcánica de la vida misma, el poder que crea universos. Haz a un lado la palabra/etiqueta/concepto ‘celos’ y siente directamente la cruda sensación, sin juicios y sin tratar de convertirla en algo ‘mejor’. Siente la vida. Contáctate con tu propia incertidumbre, con tu inseguridad, con tu duda, con tus sentimientos de impotencia. Siente a ese viejo amigo – la apremiante necesidad de controlar el mundo desde donde estás.

¡No le des la espalda! – cuando te alejas de tu inmediata experiencia encarnada, comienza la separación y, por lo tanto, el miedo. Tómate un descanso. Comienza a iluminar los puntos heridos y olvidados en tí a través de tu presencia consciente. Imbuye de gentileza y amabilidad a esos niños perdidos que hay en ti mismo, esos niños que habían sido ignorados y que tanto habían anhelado sentirse amados y comprendidos, esos niños que siempre se habían sentido ‘alejados’ de la vida y de la diversión. Aquellos que destruirían el universo con tal de llamar tu atención. Siente la inocencia allí...

Tal vez, desde un lugar de profunda aceptación de ti mismo, tal y como eres, empezarás a sentir compasión por todo aquel a quien llamaste tu ‘rival’. Tal vez hasta serás capaz de celebrar su felicidad y sus logros. Pasarás a formar parte de su abundancia en lugar de convertirte en su juez y jurado. Serás capaz de aprender de tu ex-enemigo, o por lo menos usarlo como fuente de inspiración. O podrías olvidarte de todos, hacer a un lado el intento de conocer su experiencia, ¡y simplemente recorrer tu propio camino! Te darás cuenta que hay espacio suficiente en este universo para que cada quién recorra su propio camino, para que cada quien encuentre su propia felicidad, para que cada quién baile su propia danza. Incluyéndote a ti.

La alegría nunca viene del intento de recorrer el camino ajeno, ni tampoco de evitar que alguien más recorra el suyo propio. ¡Por supuesto que tampoco proviene de intentar tomar la felicidad de alguien más! Los celos, cuando se resisten y cuando se actúa ciegamente sobre ellos, terminan lastimándote a ti y a los que te rodean, y crean aún más conflicto y división. Sin embargo, una vez reconocidos, entendidos, aceptados, e incluso amados, pueden servir para abrir aún más tu corazón, llevándote hacia un punto de gran humildad, libre de la horrorosa necesidad de controlar todo y a todos los que te rodean.

Deja que los celos te sirvan como otra ingeniosa invitación a tu Presencia. Permite que te rompan el corazón de par en par, aquí y ahora. Aprende de ellos cómo ser humilde y a ir más despacio. Deja que te recuerden jamás volver a descuidarte. Reconoce que nunca eres víctima, excepto bajo tu propia percepción.

Jeff Foster