Facetas diferentes....

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sábado, 24 de agosto de 2013


La meditación no es la contemplación 

"... Desde hace miles de años el cerebro humano ha sido condicionado a actuar del centro a la periferia y de la periferia al centro por un movimiento de energía de ida y vuelta. 

Ese movimiento ¿puede detenerse? Si se detiene aparece una energía. Ella es ilimitada, si causa, sin comienzo ni fin. 

Para ello es necesario ante todo limpiar la casa, una tarea que exige una atención completa.

El cuerpo debe volverse muy sensible y el cerebro completamente vacio, sin deseo.

La comprensión no viene por un esfuerzo de adquirir o de llegar a ser, sino sólo cuando la mente está inmóvil.

Nuestra naturaleza verdadera, lo desconocido que no puede ser nombrado porque no tiene forma, puede ser percibido en el paro entre dos pensamientos o dos percepciones.

Esos momentos de paro, de "stop", constituyen una apertura al instante, a una presencia sin fin, eterna.

Habitualmente, no podemos creer en ella porque pensamos que lo que no tiene forma, no es real. Entonces dejamos pasar la posibilidad de una experiencia del Ser.

Es el miedo de no ser nada lo que nos empuja a colmar el vacío, a desear adquirir o a llegar a ser.

Y es ese miedo, consciente o no, el que provoca la destrucción de nuestra posibilidad de ser.

No podemos hacer desaparecer ese miedo por un acto de voluntad o por nuestros esfuerzos para liberarnos de él.

Oponer un deseo a otros deseos no hace más que engendrar una resistencia, y la comprensión no puede venir de una resistencia.

Sólo podemos ser liberados de ese miedo en la vigilancia, al tomar conciencia de él.

Con lucidez, debemos ver el conflicto de los deseos contradictorios en el cual vivimos.

No se trata de concentrarse en un solo deseo, sino de liberarse del conflicto engendrado por la avidez.

Con la disolución del conflicto llega la tranquilidad. La realidad se revela..."

- Jeanne de Salzmann