Facetas diferentes....

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sábado, 18 de septiembre de 2010

Dos fuerzas, dos mujeres

 Una mujer fuerte y una mujer con fuerza interior son personas distintas,
pero que se confunden en la mirada superficial de nuestro mundo.
La diferencia entre ambas proviene de un matiz,
de un detalle que pasa desapercibido con facilidad: el origen de la fuerza.
Una mujer fuerte se cree con esta cualidad, por ella misma,
como algo que le viene dado, por ser ella.
 La mujer con fuerza interior sabe que la fortaleza
es una actitud del espíritu y es una conquista.
No se posee de forma inmediata,
sino que cristaliza en el alma, en la medida que se ejercita.
 Una mujer fuerte se realiza en la acción;
a una mujer con fuerza interior le acusarán de pasiva
porque sabe resistir mejor los avatares de la vida, que no se eligen,
pero hay que aceptar sin hundirse. Es siempre más fácil elegir que aceptar.
 Una mujer fuerte da cierta seguridad personal,
pero es pasajera, porque ¿qué sucede cuando entra en la escena de su vida la debilidad,
el cansancio o la enfermedad?
 Una mujer con fuerza interior brilla con mayor coraje
especialmente en los momentos oscuros de la vida.
La seguridad que irradia es más constante porque no la basa en ella misma,
sino en hacer resaltar lo mejor del otro,
independientemente de cómo ella se sienta.
 Una mujer fuerte busca la independencia y la autonomía en el trabajo,
y una mujer con fuerza interior busca a los otros
para tejer entre todos una red protectora, que sea más eficaz.
La mujer fuerte busca competir para demostrar sus cualidades;
la mujer con fuerza interior cimienta su éxito en los éxitos ajenos,
los agradece, los alaba y se recrea en ellos.
La mujer fuerte hace ostentación de su poder.
Exige sus derechos y busca ser alabada, temida, respetada.
Pero hay mujeres que prefieren ser amadas por lo que ellas son,
y eligen amar antes que exigir.
Tienen la sencillez de no imponerse,
ni hacen alarde de sus cualidades.
Son como el salvavidas del barco que se convierte en imprescindible
cuando la tormenta arrecia,
pero en el curso de la travesía no todos advierten su utilidad.
Porque la fuerza no proviene de la inteligencia,
a veces la mujer fuerte atropella,
a diferencia de la que se guía por la sabiduría del corazón
que cede el paso porque sabe esperar.
El aliado de la mujer con fuerza interior es la paciencia.
No hay enemigo más invencible para el hombre que el paso del tiempo.
La mujer sabia lo convierte en compañero de estrategia para la vida.
Ya no luchará contra su paso en ella y en los otros,
lo disfrutará momento a momento.
Acompañará como hija, como hermana, como esposa y como madre, como anciana.
Nuestra sociedad se ha convertido en el escenario de un gran teatro de títeres.
Muchos ojos siguen la actuación de la mujer.
El buen observador descubrirá que los hilos que mueven a la mujer fuerte
son los de la independencia, la autonomía, la igualdad y el afán de poder.
Sus seguridades son externas, palpables, tangibles, financiables.
Ella se cree libre, porque los hilos que la mueven son invisibles a sus ojos.
Está cegada por sus propias realizaciones.
La mujer interior, se conoce a sí misma como mujer,
se acepta, no busca competir con nadie.
Los hilos que la mueven también son invisibles
porque están escondidos en su corazón.
Y su corazón es el principio de su fuerza interior.
Es libre, porque ha decidido ocuparse y preocuparse en su vida
más de entregarse que de conquistar.
La última diferencia entre ambas mujeres es que la sonrisa de la mujer fuerte
tiene un sesgo de tristeza porque olvidó... que la alegría nace siempre del interior.